Aunque a nadie le gusta sentir dolor, éste es la herramienta que tiene el cuerpo para avisarnos que algo no está bien, es como una señal de alerta a la cual no debemos ignorar.

Nuestra medicina suele ser mas curativa que preventiva y eso hace que en muchas ocasiones ante el dolor busquemos aliviar los síntomas y no buscar la verdadera causa de éste.

Lo curioso es que, si persiste, acudimos al médico, el cual, para hacer un diagnóstico más fidedigno, manda hacer estudios y en ocasiones los resultados demuestran que no existe ni lesión ni patología que lo justifique.

Cuando es así, los dolores podrían ser causados por probables desequilibrios en algún sistema del cuerpo y estos pueden manifestarse a nivel de los tejidos blandos (músculos, tendones, ligamentos, fascias, vasos sanguíneos), entonces sentimos dolores que pueden variar según que lo provoque pues cada tejido duele de diferente manera; ardor, presión, entumecimiento, sensación de golpe, son sensaciones comunes de expresar.

Las causas pueden ser diversas, pero pueden estar generados por una inadecuada mecánica de movimiento, malos hábitos posturales, falta de ejercicio o movimiento, emociones mal manejadas, estrés, etc.

Las huellas de dolor entonces son dolores que expresan desequilibrios en la dinámica corporal, manifiestos de muy diversas formas en cualquier área del cuerpo y no exactamente en donde esta el problema, lo cual hace que en muchas ocasiones pongamos nuestra atención en algo que no es precisamente la verdadera causa.

Ante esto la sugerencia es no olvidar que el cuerpo trabaja de forma global, haciendo interconexiones entre sus sistemas y que siempre vamos a tener respuestas variadas a lo que vayamos haciendo día a día, aprendamos a ver al cuerpo como un todo, aprendamos a escucharlo para evitar que estas huellas de dolor se conviertan en patologías o lesiones verdaderas.