Fue definida por primera vez a principios del siglo XX por el fisiólogo británico Charles Sherrington, quien consideró a la propiocepción como el sexto sentido del cuerpo, el cual nos da información de posición, postura y movimiento.

Trabaja a través de sensores que se encuentran en las fascias, cápsulas articulares, tendones, ligamentos y músculos, nos da la noción del cuerpo en el espacio, de nuestros limites, da información a la corteza cerebral de la postura global o posición de un segmento, del movimiento y los cambios de tensión que se generan en el músculo.

La propiocepción desarrolla el esquema corporal y en coordinación con estímulos visuales (dan la interpretación del entorno) y vestibulares (posición en relación con el suelo), trabaja el equilibrio.

Nos ayuda con la percepción de nuestro cuerpo y en base a ello nos adaptamos al entorno o utilizamos nuestro cuerpo, es importante saber que a través de la propiocepción se puede despertar información para un buen uso del cuerpo.

¿Qué características debe de tener el entrenamiento propioceptivo?.

  • Variación del patrón de movimiento.
  • Ejercicios adaptativos y progresivos.
  • Atención y concentración.
  • El dolor genera interferencia en la señal propioceptiva.
  • Sin fatiga.
  • Los estímulos deben de ser de calidad.
  • A una velocidad constante y moderada.
  • El cerebro aprende a través de la repetición, así que la constancia en el estímulo es importante.
  • Estímulos sensoriales como cepillado, percusión, etc.

Algo muy interesante del sentido de la propiocepción es que como depende del estímulo que reciba  para enviar  una información a la corteza cerebral, se puede usar en el trabajo de reeducación funcional y por medio de su entrenamiento consciente y preciso, ayudar a cambiar patrones de movimiento inadecuados que se desarrollan por el trabajo de compensación que hace el cerebro a partir de un estímulo excesivo o erróneo y con esto evitar lesiones o trabajar la causa funcional del dolor o de las patologías.